domingo, 28 de octubre de 2007
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Llegó entonces el día que siempre temí. No es como los otros; abro la ventana y hay sol, la cierro y la vuelvo abrir y hay luna. Miro el reloj y las agujas se mueven al compás de algún tema de Sade.
Mi cuerpo es sólo piel. Hace frío y tengo hambre. Mi cabeza esta llena de sentimientos encontrados y el papel sobre la mesa hace horas que está en blanco. No puedo escribir... olvidé como hacerlo.
Si hasta pareciera que mis dedos se negaran a esbozar letras y el sólo contacto con el lápiz los atormentara. ¿Acaso perdí la magia?
¿Es que el hechizo ya dejó de funcionar?
Ni siquiera pensarte me motiva. Quise olvidarte y no pude. Escapé de mis deseos de ti, pero me hizo mal. Traté de negar que te necesito a diario pero me llevó a contradecir mis latidos. Y ahora, desde la blancura de este papel, desde lo frío de mi cuarto, comprendo que pretender borrar lo que pasó es imposible.
Que quererte no es tan malo y que imaginarte no puede ser tan blasfemo como aceptarlo. Como dice el tango, el día casi amanece, la noche se hace larga y yo aquí, casi como un complejo sistema automático, me desbloqueo y empiezo a llenar el papel con palabras para ti. Ya no hay sol ni luna y el miedo se empieza a perder.
Detengo un momento las nuevas ideas. Voy a buscar un abrigo y algo para comer. El hambre ya está que me mata y hoy no desayuné
Etiquetas: .::Emociones::.
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